
SN; Internacionales. La liberación del gendarme argentino Nahuel Gallo, detenido en Venezuela desde diciembre de 2024, expuso un hecho inusual en la política exterior argentina: la negociación que permitió su regreso no fue encabezada por la Cancillería sino por dirigentes de la Asociación del Fútbol Argentino (AFA), en una gestión reservada que se desarrolló durante meses.
La noticia se conoció el domingo, cuando familiares del efectivo confirmaron su liberación. Horas después, la propia AFA informó que acompañó el retorno al país y agradeció públicamente a la Federación Venezolana de Fútbol (FVF) y a autoridades venezolanas por facilitar el contacto que permitió resolver la situación.
Gallo regresó a Argentina en un avión privado perteneciente a la AFA, en un contexto particular: desde mediados de 2024 el Gobierno nacional rompió relaciones diplomáticas con Venezuela y retiró a su embajador en Caracas, dejando sin canales oficiales directos de negociación. Durante ese período, la representación argentina quedó bajo tutela de la embajada de Brasil.
La “diplomacia del fútbol”
Según distintas reconstrucciones periodísticas, la AFA comenzó contactos informales con autoridades venezolanas aprovechando los vínculos institucionales entre federaciones deportivas. El primer acercamiento se habría producido durante el Sudamericano Sub-20 disputado en Venezuela en enero de 2025.
Las gestiones continuaron de manera discreta y tomaron impulso recientemente en reuniones internacionales del fútbol sudamericano, con participación del presidente de la Conmebol, Alejandro Domínguez, y respaldo del titular de la FIFA, Gianni Infantino.
En Caracas se encontraban dirigentes de la AFA —entre ellos el prosecretario Luciano Nakis y el secretario de Protocolo Fernando Isla Casares— cuando finalmente se concretó la liberación. El presidente de la entidad, Claudio “Chiqui” Tapia, tenía previsto viajar, aunque la Justicia le negó autorización para salir del país en el marco de una causa judicial en trámite.
Tras confirmarse el hecho, Tapia afirmó que el regreso del gendarme fue resultado de un “trabajo silencioso y mancomunado” y sostuvo que el fútbol puede funcionar como puente de entendimiento incluso en escenarios de conflicto político.
Un antecedente histórico dentro del fútbol argentino
Dentro del ambiente dirigencial, la intervención de la AFA fue comparada con gestiones realizadas décadas atrás por Julio Humberto Grondona, histórico presidente del fútbol argentino, cuando la entidad actuó como canal informal de negociación internacional.
El exvocero de la AFA Ernesto Cherquis Bialo relató en distintas oportunidades episodios en los que la conducción de Grondona intervino en conflictos diplomáticos sensibles. Uno de los más recordados ocurrió en 2012, cuando la Fragata Libertad permanecía retenida en Ghana en medio del litigio argentino con fondos buitre. Según ese testimonio, contactos realizados desde la estructura del fútbol internacional ayudaron a destrabar la situación días antes de una instancia clave en Naciones Unidas.
Cherquis también mencionó la intervención reservada de Grondona en el caso de Gabriela Arias Uriburu, quien logró reencontrarse con sus hijos tras años de disputa judicial en Jordania, luego de gestiones realizadas a través de dirigentes vinculados a la FIFA.
En ese contexto, la liberación de Gallo fue interpretada dentro del propio ambiente deportivo como una reedición de aquella lógica de influencia internacional conocida como “la AFA paralela”, capaz de abrir canales donde la diplomacia formal encuentra límites.
Un gesto político en un momento complejo
La gestión llega además en un momento delicado para Tapia, atravesado por cuestionamientos públicos, conflictos con el Gobierno nacional, críticas mediáticas, polémicas arbitrales y una causa judicial que incluso restringe temporalmente sus viajes al exterior en un año previo al Mundial.
En ese escenario, la liberación del gendarme significó un movimiento de fuerte impacto político e institucional, que volvió a mostrar el peso de las redes construidas por el fútbol argentino en organismos regionales y mundiales.
El caso de Nahuel Gallo reabre así el debate sobre el alcance de la llamada diplomacia deportiva y el rol que pueden asumir actores no estatales en la resolución de situaciones humanitarias cuando los canales oficiales permanecen cerrados.

















