Palantir, Milei y el debate sobre quién controla tus datos

La politóloga María Alicia Noero vincula el proyecto oficial con una concentración inédita de datos personales y alerta sobre riesgos para la democracia.
Política13 de junio de 2026SNSN
Lili Noero 20260611
María Alicia Noero, durante la entrevista en la Siempre Radio 93·3 FM.

(Alta Gracia; SN).- María Alicia Noero es politóloga, especialista en gestión y comunicación política de la UCC. Tras la publicación en Sumario Noticias de una columna de opinión sobre el anunciado proyecto de Gemelo Digital Social que impulsa el gobierno de Javier Milei, fue entrevistada en Siempre Radio 93·3 con la intención de desgranar la grave amenaza que supone la iniciativa.

Control social IAEl Estado que prometió retirarse ahora quiere saberlo todo

Simpre Radio 93·3: ¿Por qué señalás que el gobierno que llegó prometiendo sacarle el Estado de encima a los argentinos, ahora quiere saberlo todo?

María Alicia Noero: El 31 de diciembre de 2025, durante el receso parlamentario, el Poder Ejecutivo firmó el DNU 941 que obliga a más de 15 organismos del Estado -ANSES, AFIP, RENAPER, sistemas de salud- a compartir datos personales con la SIDE, sin orden judicial y sin que los ciudadanos sean notificados.

El 19 de abril de 2026, Argentina firmó en Jerusalén los llamados Acuerdos de Isaac con Israel, que incluyen cooperación en inteligencia artificial, seguridad y defensa. Somos el único país del mundo que los firmó hasta ahora.

En la misma semana, Peter Thiel, cofundador de Palantir Technologies —empresa que provee sistemas de vigilancia masiva a la CIA, el Pentágono y al ejército israelí— visitó Buenos Aires y se reunió con el presidente y con el jefe de la SIDE. No hay contrato público firmado. Hay un decreto que lo haría innecesario.

Palantir no vende software. Vende la capacidad de cruzar todos tus datos del Estado, construir tu perfil político, mapear tus vínculos y anticipar tu comportamiento. Sin que un juez lo autorice. Sin que vos lo sepas.

Esto no es ciencia ficción ni especulación. Es la descripción técnica de lo que el DNU 941 habilita y de lo que Palantir hace en cada país donde opera.

La pregunta que nos corresponde como ciudadanos no es si confiamos en este gobierno. Es si aceptamos que cualquier gobierno -este o el que venga- tenga esa capacidad sobre nosotros.

Esa es una pregunta constituyente entonces el disparador fue  al riesgo que implicaba la hipótesis de que una empresa como Palantir que provee de software a organismos como el FBI, CIA, el MOSSAD; tuviera acceso a una base de datos personales resultado del entrecruzamiento de los datos que el Estado tiene de nosotrxs con IA especializada en estrategias de contraterrorismo.

La Corte se expidió de manera contundente a favor de la protección de nuestros datos, impidiendo cruzarlos entre organismos sin consentimiento y menos aun venderlos a una empresa.

Llegamos así al anuncio del 22 de mayo del Gemelo Digital Social (avatar producto que vende Palantir) pero lo que me llamó la atención no fue la tecnología en sí sino el contexto: la semana anterior, el fundador de Palantir había visitado la Casa Rosada. El gobierno lanzó el sistema sin marco legal previo, sin detalles técnicos públicos, sin explicar quién lo opera ni quién lo audita. Y todo esto lo hace el mismo gobierno que prometió sacar al Estado de la vida de los argentinos. Esa contradicción es difícil de ignorar.

Hay una frase tuya que me quedó dando vueltas: ”los casos exitosos replican infraestructura, los peligrosos replican ciudadanos”. ¿Qué significa eso en concreto para alguien que vive acá, en Alta Gracia? 

Cuando alguien de acá va al hospital público, entrega sus datos para atenderse. Cuando cobra una jubilación o una asignación por ANSES, entrega sus datos para cobrar. Cuando inscribe a sus hijos en la escuela, entrega sus datos para que estudien. Esos datos fueron entregados con una finalidad específica. Lo que el Gemelo Digital Social propone es juntarlos todos en un único lugar, cruzarlos con inteligencia artificial y construir un perfil predictivo de cada persona. No es lo mismo usar datos para mejorar un servicio que usarlos para anticipar comportamientos. Ahí está el límite que este sistema cruza.

Explicanos qué es un gemelo digital para alguien que no lo conoce, y por qué el de Milei genera alarma cuando los de Singapur o Rotterdam no la generaron.

Un gemelo digital es una réplica virtual de algo real que permite experimentar sin cometer errores en el mundo físico. La NASA lo usó para monitorear naves, las automotrices para diseñar autos. Singapur construyó desde 2014 una réplica digital de toda su geografía: edificios, calles, cañerías subterráneas. Los planificadores prueban dónde construir un parque sin tapar el sol de las casas vecinas. Nadie preguntó la dirección de nadie. El gemelo replica la ciudad, no a los ciudadanos. Ese detalle es la clave de todo. El problema argentino no es la tecnología: es qué se replica. Y acá se anuncia un sistema que procesaría más de 30.000 datos por persona, incluyendo registros de salud, educación, trabajo, ingresos y situación social.

 ¿Y Estonia? La ponés como modelo. ¿Por qué nadie la imita?

Estonia hace algo que parece simple pero es radical: cada organismo del Estado guarda sus datos por separado. Salud tiene los suyos, impuestos los suyos, educación los suyos. Ninguna agencia tiene el cuadro completo. Y el ciudadano puede ver en tiempo real quién consultó su información y para qué. Con eso ahorra el equivalente a 804 años de trabajo burocrático por año, sin una sola brecha de seguridad en 25 años. Es exactamente lo opuesto a centralizar todo en un mismo lugar. La diferencia entre Estonia y lo que se discute en Argentina no es ideológica. Es arquitectónica: uno mantiene los datos separados y auditables, el otro los junta todos en un lugar opaco.

Aparece mucho el nombre Palantir. ¿Quiénes son y qué tienen que ver?

Palantir es una empresa cofundada por Peter Thiel en 2003, desarrollada originalmente con fondos de la CIA. Su modelo de negocio es vender capacidad de análisis de datos a Estados y agencias de inteligencia. En Estados Unidos tiene un contrato de mil millones de dólares para rastrear inmigrantes mediante su sistema ImmigrationOS. En el Reino Unido opera la plataforma de datos del sistema de salud NHS bajo la resistencia activa de médicos y organizaciones de derechos humanos. Thiel se reunió con Milei en la Casa Rosada a fines de abril, se instaló con su familia en Barrio Parque, se reunió con Caputo y Sturzenegger, y asistió al superclásico. El gobierno no confirmó ni desmintió un contrato, pero tampoco mencionó el nombre Palantir en ninguna de sus aclaraciones públicas. Esa omisión específica dice más que cualquier negación directa. 

Vos sos politóloga. Cuando leés todo esto, ¿a qué te remite teóricamente? ¿Hay algún concepto que lo explique?

Me remite a Hannah Arendt, filósofa judía alemana que vivió el nazismo y dedicó su vida a entender cómo fue posible. Su conclusión fue que el totalitarismo no es simplemente un gobierno muy malo o muy autoritario. Es algo cualitativamente distinto: un sistema que destruye la separación entre lo público y lo privado, que penetra físicamente y mentalmente al individuo hasta que ya no puede distinguir su propia voluntad de la del Estado. La palabra totalitarismo viene de "total": no hay nada que quede afuera. Para Arendt esa penetración total destruye la pluralidad, la capacidad de los individuos de ser distintos entre sí, de comenzar algo nuevo, de actuar colectivamente sobre quienes los gobiernan.

 ¿Y eso qué tiene que ver con un sistema de datos en una computadora?

Arendt describía ese proceso usando el terror y la ideología como instrumentos. Lo que cambia hoy es el mecanismo, no el resultado. Un Estado que puede construir un avatar digital tuyo, que procesa 30.000 datos por persona, que predice tu comportamiento y se anticipa a tus decisiones antes de que las tomes, logra el mismo efecto sin necesidad de campos de concentración. La esfera privada no desaparece por prohibición. Se vuelve obsoleta porque el sistema ya sabe lo que vas a hacer antes de que lo hagas. Y cuando el Estado deja de ver personas para gestionar riesgos estadísticos, se erosiona el principio más básico de la libertad: la capacidad de ser impredecible.

Pero este gobierno dice ser lo opuesto al totalitarismo: libertario, anarcocapitalista. ¿Cómo se explica esa contradicción?

La contradicción es aparente. El anarcocapitalismo como doctrina dice eliminar el Estado. Pero lo que ocurre en la práctica histórica -desde Pinochet hasta las variantes contemporáneas- es diferente: no se elimina el Estado, se reorienta. Del Estado Social al Estado Penal. Redistribuye la riqueza para concentrarla, no para distribuirla y pasa a garantizar condiciones libres para la acumulación privada. El Estado no desaparece: cambia de beneficiario. En este caso el Estado reduce su función social pero expande su función de vigilancia, y terceriza esa expansión a empresas privadas extranjeras.

O sea que no hay contradicción real.

No la hay. Y acá hay que ser muy precisos: lo que Arendt llamaba condición de posibilidad del totalitarismo no requiere un partido único ni una ideología obligatoria. Requiere erosionar los mecanismos que permiten a los ciudadanos actuar colectivamente sobre quienes los gobiernan. Un sistema de datos centralizado, opaco, operado por una empresa extranjera con compromisos legales con su propio país de origen, hace exactamente eso. Palantir tiene lealtades institucionales con Washington, no con Buenos Aires. El daño no es necesariamente el de hoy. Es la infraestructura que se deja instalada para cualquier gobierno futuro, de cualquier signo.

Hablás de empresas extranjeras. ¿De cuánto poder estamos hablando concretamente?

Los números dan vértigo. El PBI argentino proyectado para 2026 es de aproximadamente 658 mil millones de dólares , todo lo que produce el país en un año. Palantir sola tiene una capitalización de mercado de 333 mil millones: la mitad del PBI argentino. El patrimonio personal de Peter Thiel se estima entre 23 y 29 mil millones de dólares según Forbes y Bloomberg: equivale a lo que produce en un año la economía de una provincia mediana argentina. Y eso es solo Thiel y Palantir. Si miramos el ecosistema completo: las cinco mayores empresas tecnológicas del mundo -NVIDIA de Jensen Huang, Alphabet de Sundar Pichai, Apple de Tim Cook, Microsoft de Satya Nadella y Amazon de Andy Jassy- suman juntas más de 20 billones de dólares. Eso es 31 veces el PBI argentino. NVIDIA sola vale 8 veces la economía argentina entera. Cuando un Estado negocia con actores de esa escala sin marco legal, sin auditoría pública y sin contrato conocido, no es el cliente que contrata un servicio. Es el territorio que abre sus datos.

SN publicó tu columna de opinión de salió el 5 de junio. ¿Qué pasó después?

El debate se aceleró. El diputado Agustín Rossi presentó un hábeas data colectivo en el Juzgado Federal Nº2 de Rosario pidiendo suspender el uso de información sensible hasta que el gobierno explique el marco legal, qué datos usa, quién los opera y quién audita. Cinco diputados del bloque Provincias Unidas presentaron pedido de informes preguntando específicamente si el sistema prevé perfilamiento automatizado y qué medidas previenen discriminación algorítmica. Hubo además una denuncia penal por violación de la Ley de Protección de Datos Personales. Y la Fundación Vía Libre -organización cordobesa de derechos digitales- presentó un pedido de acceso a la información preguntando expresamente si hubo reuniones con representantes de Palantir en el marco del proyecto. Pero lo más significativo para mí fue lo regional: la misma semana del anuncio, cinco sociedades científicas de Derecho Internacional de Argentina, Bolivia, Colombia, España y Perú suscribieron en Lima una declaración conjunta sobre inteligencia artificial, dignidad humana y responsabilidad internacional de los Estados. No es un hecho menor. Es una toma de posición regional.

El gobierno dice que esto es el futuro, que Argentina se adelanta. ¿Hay una versión de este sistema que sea legítima?

Sí, la hay. Con tres condiciones concretas: datos separados y auditables como en Estonia, no centralizados en un lugar opaco; marco legal previo aprobado por el Congreso, no por vía de hecho; y operador público bajo control democrático, no una empresa extranjera con compromisos legales con otro Estado. El Estado tiene derecho a modernizarse. Lo que no tiene derecho es a hacerlo sin explicar qué datos toma, quién los opera y quién los audita. Esas preguntas no son obstruccionismo tecnológico. Son las preguntas básicas de cualquier democracia. Y agregaría una cuarta condición que Arendt nos dejó como advertencia: que la modernización no destruya el único recurso que tiene el ciudadano frente al poder: su capacidad de ser impredecible.

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