

Los Ángeles: un inmigrante argentino y su visión ante las protestas

(SN; Los Ángeles) Las calles de Los Ángeles se encuentran atravesadas por una fuerte tensión social y política luego de que el presidente Donald Trump ordenara el despliegue de 700 marines y 2.000 efectivos adicionales de la Guardia Nacional para contener las protestas desatadas por las recientes redadas migratorias. La decisión fue duramente cuestionada por el gobernador de California, Gavin Newsom, quien anunció que demandará al gobierno federal por la federalización forzada de la Guardia Nacional.
"Se trata de alimentar el ego de un presidente peligroso", escribió Newsom en su cuenta de X. “Esto es imprudente, inútil y una falta de respeto a nuestras tropas”. El gobernador calificó la medida como una “fantasía demente de un presidente dictatorial”, y denunció que la presencia militar no tiene como fin la seguridad pública, sino la provocación.
El fiscal general del estado, Rob Bonta, también presentó una demanda para anular la decisión presidencial y acusó a Trump de "pisotear la soberanía del estado" y de "fabricar una crisis para sus propios fines políticos". “No hay rebelión ni invasión”, afirmó, refutando la disposición legal invocada por la Casa Blanca para justificar la movilización militar.

En diálogo con Siempre Radio, el argentino Cristian Correa, radicado desde hace más de dos décadas en Los Ángeles, relató cómo se vive la situación en la ciudad. “Mi hijo trabaja en el downtown y ya le recomendaron no ir. Hay protestas en zonas clave, como Santana y San Fernando, pero la más fuerte está frente a los edificios federales, donde detienen a personas para deportarlas”, explicó.
Correa sostuvo que si bien muchas manifestaciones son pacíficas, pequeños grupos aprovechan la situación para generar disturbios. “Hay anarquistas que siempre aparecen en estas protestas para romper vidrieras, incendiar autos o robar. Son oportunistas que no representan a la comunidad inmigrante”, señaló.
Respecto al impacto en la vida cotidiana, el argentino indicó que “la situación está complicada” y que se nota la militarización en las calles. “Ya llegaron los marines y la Guardia Nacional. Nosotros evitamos ir a las zonas más conflictivas. No es que no apoyamos la protesta, pero hay que cuidar a la familia”, contó.
Correa, que llegó a EE.UU. en 1998 y hoy es ciudadano estadounidense, también compartió su experiencia como inmigrante. “Estuve 10 años indocumentado. Trabajé, pagué impuestos, aporté más de 500 mil dólares al gobierno. Muchos venimos a construir, no a delinquir”, expresó.


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