

Alimentarse bien sin gastar de más: claves para una nutrición saludable en tiempos de crisis

(SN; Alta Gracia) Frente a la preocupación por el costo de los alimentos, la nutricionista Susana Aranda dedicó su columna de los lunes en Siempre Radio a una pregunta clave: ¿Comer sano es realmente más caro?
La respuesta, según explicó, depende de múltiples factores. “Si uno busca seguir estrictamente las recomendaciones de la evidencia científica, como usar aceite de oliva extra virgen o consumir frutas secas con regularidad, entonces sí: es más caro”, afirmó. Sin embargo, aclaró que una alimentación saludable no tiene por qué ser elitista si se ajustan algunos hábitos y se aprovechan recursos accesibles.

Elegir bien, cocinar mejor
Uno de los puntos centrales de su análisis fue la necesidad de repensar el menú diario. “No todo pasa por comer carne todos los días ni por llenar la mesa con productos de alto costo. Las legumbres, por ejemplo, son una fuente excelente de proteína, muy rendidoras y mucho más económicas que la carne”, indicó.
Aranda detalló que un paquete de lentejas o garbanzos puede costar entre 1.000 y 3.000 pesos, pero su rendimiento en preparaciones como guisos, ensaladas, tartas o panes es altísimo. “El problema es que muchas veces no estamos dispuestos a cambiar los sabores que conocemos o a dedicar tiempo a la cocina”, explicó.
Además, resaltó la importancia de aprovechar los productos de estación y de producción local. “La espinaca de invierno, por ejemplo, es nutritiva, económica y muy versátil. Combinada con cebolla, pimiento, un poco de carne y huevo, se puede preparar una tarta o tortilla muy completa”, ejemplificó.
Comer mejor no es comer caro
Para Aranda, el desafío está en no resignar la calidad de la alimentación, incluso cuando el presupuesto es ajustado. “No se trata de hacer una dieta perfecta, sino de encontrar un equilibrio. Si no podemos comprar nueces todos los días, podemos priorizar verduras frescas, legumbres, frutas locales y reducir el consumo de ultraprocesados o bebidas azucaradas, que son caros y dañinos”, afirmó.
También cuestionó algunos consumos que permanecen intactos a pesar de la crisis. “Muchas personas se privan de frutas o verduras pero no dejan de comprar gaseosas o jugos industrializados. Ahí hay un gasto que sí podemos recortar, y que además beneficia la salud”, advirtió.
Alimentarse como derecho
Aranda subrayó que el derecho a una buena alimentación debe sostenerse aún en contextos de crisis. “Así como defendemos el derecho a la salud, a la educación o al trabajo, debemos defender el acceso a una alimentación digna. Lo que comemos hoy define nuestra salud futura”, aseguró.
En ese sentido, hizo un llamado a no bajar los brazos y a usar la creatividad como aliada. “En las redes hay infinidad de recetas y formas de cocinar legumbres o vegetales. El conocimiento está. Solo hace falta decisión y tiempo para priorizarlo”, cerró.


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