

Susana Aranda: ¿nutricionismo o nutrición? la clave es el contexto

(SN; Alta Gracia) En su habitual columna en Siempre Radio, la licenciada en nutrición Susana Aranda ofreció una mirada crítica sobre el nutricionismo, una corriente que tiende a reducir los alimentos a sus componentes químicos, sin tener en cuenta el contexto completo en el que se consumen. “El nutricionismo es la reducción de los alimentos a su composición química, evaluándolos principal y únicamente por los nutrientes que tienen”, explicó.
Desde su perspectiva profesional, esta lógica conlleva riesgos importantes en la manera en que las personas se relacionan con la comida. “Es un enfoque simplista, que categoriza los alimentos como ‘buenos’ o ‘malos’ sin tener en cuenta una integralidad de conceptos”, advirtió. Y amplió: “No es lo mismo un alimento consumido en exceso y fuera de contexto, que el mismo alimento integrado de forma ocasional y equilibrada en una dieta variada”.
Uno de los ejemplos que utilizó para ilustrar el punto fue el locro, tradicional en celebraciones patrias. “Si vos me preguntás si un locro es bueno o malo, según el nutricionismo sería malo para una persona que quiere cuidar su peso. Pero para un deportista puede ser una buena fuente energética, dependiendo del momento en que se lo consuma”, señaló. “Hay que mirar cada cuánto se come, mezclado con qué, en qué momento del día, en qué cantidad, si se repite mucho su aparición semanal, si tiene un valor cultural. Todo eso cuenta”.

Aranda explicó que el locro es una comida energética por su composición: “Tiene legumbres como porotos, cereales como el maíz blanco, y también depende de los cortes de carne que se le agreguen. Algunos lo hacen con carnes magras, otros le ponen mucha patita de cerdo o chorizo colorado. Eso lo va cargando más de grasa”.
Otro alimento señalado históricamente es el huevo. “Durante años se demonizó el huevo por la yema, porque se decía que tenía 250 miligramos de colesterol. Entonces mucha gente aún hoy tira la yema, lo cual es un desperdicio tremendo”, comentó. “No se evaluaba el huevo entero ni el resto de la dieta, ni se tenía en cuenta que el cuerpo también produce colesterol”.
Para Aranda, el problema del nutricionismo comenzó con la aparición de estudios que aislaban nutrientes y describían sus funciones específicas. “Eso permitió muchos avances, pero también nos desvió del análisis del alimento en su conjunto”, señaló. “Cuando se demoniza un alimento por uno de sus componentes, o se exalta otro como si fuera curativo, ahí estamos ante el nutricionismo”.
También advirtió sobre los mensajes engañosos de algunos productos industrializados: “Hay cereales ultraprocesados que dicen tener hierro, zinc, fibra, pero están llenos de azúcar y pasaron por un montón de procesos. Por eso no hay que dejarse engañar por un nutriente aislado”.
Aranda concluyó con un llamado a mirar la alimentación de forma más integral: “No se trata de prohibir o permitir alimentos sin sentido. A un paciente decirle ‘usted está a dieta, no puede comer locro el 25 de mayo’ es desconocer el contexto cultural y emocional de esa comida. Hay que construir una relación más sana con la comida, que no sea desde el miedo ni desde la culpa”.


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